OLOR A TÍ
Hay olores que cautivan desde el mismo instante en que el cerebro procesa la orden de reconocimiento. Son fragancias que embriagan, hipnotizan y embargan voluntades de aquellos que juraron fidelidad eterna a un ente u objeto de efímera promesa.
Todos poseemos una identidad olfativa propia e inequívoca desde el mismo instante en que nacemos. Nos identifica de un modo supremo, como un registro de aquello que siempre debiera de ser amado o al menos querido, por el mero hecho de ser y pertenecer.
Es un hogar donde no tiene cabida el aroma fotocopiado que se paga sin rechistar, relegando a la oscuridad el elixir que emana de un cuello cuyo latir de sus venas dispersan y regalan en su diástole la inocencia corporal de un florido vergel.
Es un lugar que solamente los sabios pueden valorar en el regalo de cada inspiración; sintiendo el calor, aroma y los latidos que embriagan de manera suprema el corazón de aquel afortunado destinado a olerlo.
Son perfumes que no conocen de plantas, química y procesos a fuego lento elaborados en probetas que garantizan en su amalgama de productos una gloria de periodicidad caduca en cuerpos, que retornarán a su ser olfativo el próximo día natural.
Es un olor cuasi mágico que impregna su almohada, y siempre será recordado por aquellos que de verdad amaron y valoraron el aroma inconfundible de un alma.
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