SIEMPRE ALGO NUEVO
Intentamos comprender el "yo" desde el mismo momento en que concebimos el pensamiento abstracto. Una racionalidad adquirida que permite establecer hipótesis, y con fortuna pruebas, tanto de acciones comunes como posibilidades no comprobadas cientifica o empíricamente hablando.
El concepto de felicidad plena es quizás la palabra y a la vez el tesoro por excelencia anhelado por cualquier ser humano.
Sentirse de manera permanente en un estado de éxtasis mantenido que no culmine en la frustración de recrear de nuevo el miedo, angustia y dolor que ello provoca, es el objetivo principal de cualquier persona.
Mantener un corazón y mente intactos emocionalmente permite afrontar con ilusión y garantías el devenir de un nuevo día. Desde el mismo instante en que algo o alguien hiere una parte de nuestro ser, el sistema de compensación que regula la felicidad disminuye progresivamente, anulando por completo la capacidad de regeneración inmediata y por ende, el estado de bienestar mantenido.
Por cuestiones biológicas es imposible mantener un nivel continuo de regulación que consiga mantener el jolgorio en una línea de tiempo indefinida. Es por ello por lo que el ser humano cae en el bucle de las cosas que prometen novedad y ansía buscar de algún modo la importancia de sentirse reconocido de manera social; sea en redes virtuales o en la realidad definida.
En el fondo del agujero negro, que atrapa y no devuelve, se encuentra la temida impaciencia. Amiga de la inmediatez que reconforta, causante de delitos por llegar tarde a la cita.
Nadie afirmó que la vida fuera un camino de rosas. El momento se marchita, la pasión y ganas de conocer el abismo de la novedad priman, haciendo del ayer recuerdos que solamente sean leídos en los libros de historia... de editorial personal, no caducos en memoria.
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