LUCES Y SOMBRAS
Tan solo una cámara y un micrófono son necesarios para empezar a destruir la vida de cualquier infancia.
Momento en el que el descubrimiento de la realidad no está aún definido y el juego debiera de ser el ladrillo base sobre el que cimentar y quemar etapas del desarrollo; es cegado entre la ominosa vorágine de una cultura que solamente atrapa y capta mensajes simples por la imagen, relegando el esfuerzo del estudio a un plano secundario. Un lugar donde la inteligencia parece ser sinónimo de pobreza y los "likes" facturan mucho más que el saber.
Todo comienza desde el mismo momento en el que el juego familiar fue sustituido por un amable vídeo de colores y formas. Sólo para poder descansar, permitiendo a la trampa del algoritmo atrapar a un nuevo ser indefenso; un nuevo cliente en la ruleta rusa digital, donde las balas vienen cargadas de vicio perenne.
Familias sobrepasadas emocionalmente evocan el monstruo que les seda y desconecta de la realidad a la hora de comer, cenar o cualquier momento que empiece a colmar la paciencia, aquello que hoy ya es un bien preciado.
Y creyendo firmemente que el tiempo invertido educa y el niño aprende de un hogar inventado; la costumbre toma las riendas, cabalga y se empodera, siendo imposible domarlo.
En unos pocos años aquel caballo que tiernamente pacía jugando con la hebra de una hierba huérfana, se desbocará al galope persiguiendo valles que parecerán vergeles siendo vegetación yerma.
Un jamelgo que se agota y poco a poco se duerme sin llevar nada a su boca: una triste zanahoria o seguidores que se encarguen de seguir alimentando su honra que ya zozobra.
La misma que perdió un buen día al cambiar la luz por sombras.
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