"BAD SOCIETY"
Rendirse a la idolatría es un acto cada vez más común en aquellas almas que, vacías en su ser, anhelan albergar un momento de libertad caduco mientras lentamente se ahogan en la telaraña del intercambio digital y el sueño velado a cambio de "likes".
Cantantes sin talento vocal evocan en la solemnidad de su presencia con argot de moda y rima fácil, la idoneidad cultural disfrazada de llamativas mujeres con atuendos de catálogo, que invitan a una generación perdida y omnisciente por definición y forma, a gastar sus pocos ahorros en el devenir de un espectáculo de nula voz y mofa.
La simpleza de un ritmo de batería que se inmiscuya en un cerebro ansiado de atención, desconexión e inexistencia de responsabilidad, es el veneno perfecto del alquimista que vende pociones de alegría en frascos caros que en realidad son placebo.
Casitas que son escenarios, dejan sin lugar a dudas, la importancia de seguir educando para llegar a buen puerto, aquel donde el barco fondee amarrado y no solamente sea un barco aparcado sujeto.
Es un caso claro de envidia, clamarán algunos; pues nada más lejos sea. Siempre existió la idolatría, y aunque buena nunca fuera, al menos cohabitaban inigualables cualidades en aquellas estrellas donde depositamos vida, dinero y alma; hogar de refugio y condena sana.
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