DIGNIDAD
Deja de latir el corazón de alguien que anhelaba llegar a término con el sufrimiento que le acechaba en cada segundo de su vida.
Inyección de eterno descanso instalada en el último hueco de la recámara del revólver que a duras penas sostenía.
Munición certera que hiere sin plomo y otorga descanso a aquel que solicitó en vida, la dignidad de terminar con el dolor cuando se agotaron las puertas donde recibir ayuda.
Una vez culminado el acto, sonadas voces se alzan rogando coherencia para luchar en aferrarse a una vida ajena a la suya, demandando aguante y rigor en nombre de un Dios que justifique el devenir perenne y resiliente de aquel cuerpo que no habitan.
Son corazones y mentes heridas, aquellas que, agotadas todas las entradas que conducen al camino de la vida, solicitan no sin dolor pero con clemencia, la dignidad de tener el control de sus actos, siendo el éxitus por desgracia su única salida.
Juzgamos con instinto de supervivencia las almas que no nos pertenecen. Juramos en el ámbito médico la persistencia de la vida bajo el nombre de "Hipócrates", cuando el mismo sufrimiento mata a fuego lento con más dolor del deseado en vida.
Un oxímoron de vida y muerte, donde ambas deberían de tener cabida y; sin embargo, una de ellas se pierde, solo por anegar la continuidad, de alguien que decidió en su vida.
Comentarios
Publicar un comentario