RICO O POBRE
Desde el momento en que se acuñó la primera moneda como objeto de intercambio de bienes y servicios, la degradación de la sociedad fue cimentándose con capas de medida, miedo, ambición y desigualdad a partes iguales.
Necesario e indiscutible es la búsqueda de un elemento que rija y suministre con exactitud y diligencia los bienes básicos y estándares de dignidad global equitativamente.
Los recursos son finitos y obviamente el trabajo proporciona o debería al menos de conducir a proporcionar los requisitos indispensables y tranquilidad necesaria para el devenir de una vida digna.
Cuando el dinero corrompe estamentos y degrada naciones enteras, algo no funciona como debería en el mecanismo creado por aquellos seres que hoy llamamos racionales.
La solución no debería recaer en compensar hoy con efímeras limosnas al pueblo que volverá a pasar hambre el próximo invierno. Quizás sea el momento de replantear el sistema; aquel que derrocha más plata en trincheras y plomo, y menos en paliar guerras.
Todo depende de la actitud e ideas nuevas de aquellos que ostentan un poder para el pueblo: sin ambición de ganancia, atisbos o quimeras.
Oligarquía en “trampantojo” de democracia esferificado, es ahora mismo la receta de cualquier gobierno, donde Dios es moneda de cambio, y enriquecerse primera idea.
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