IRIS DE COLORES

 Atrapados en el limbo que separa la realidad del sueño virtual. Así nos encontramos aquí y ahora. Viviendo una vida distorsionada donde el virtuoso ya no utiliza sus manos para tocar el violín; un sintetizador se encarga de regalar a los oídos una estridencia repetitiva agradable al conformismo de un público simple y alienado. 

En el albor de la todavía neonata inteligencia artificial, la multitud alaba, prueba y se aglomera en torno a las posibilidades facilitadoras que ésta ofrece: información concreta, simplificada y a menudo correcta obtenida a golpe de “click” en pocos segundos; un catalizador de vaguería y atrofia mental, donde el ser humano rinde la capacidad de esfuerzo a combinaciones de unos y ceros. 


Queremos mejorar este mundo y la palabra humanidad llena bocas en corazones vacíos; sin embargo ardua tarea es ésta si delegamos nuestras acciones en sistemas digitales de algoritmos predefinidos. 


Urgente acción es el retorno a la palabra y al esfuerzo que implica seso e ideas. Al menos, para volver a sentir de nuevo aquello que un día fueron miradas fijas en una pupila que lograban conquistar el alma, y no la interfaz de una pantalla. Tan sólo la luz de un iris verde, marrón, azul, gris o negro. Tan sólo un ápice de entendimiento.

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