AMOR INCONDICIONAL
Festín de sangre y llanto en la celebración de una nueva vida. Aséptico y sórdido lugar, el paritorio que anuncia entre pitidos de control y voces de ayuda el alumbramiento que está a punto de acontecer.
Sábanas que se tiñen de sudor y sangre, abrazan a madre e hijo alcanzando el éxtasis de dolor y ternura en la premura del primer momento en su regazo y la primera mirada en el nido.
El llanto del primer contacto con el mundo entre claroscuros y manos que lo sostienen, culmina con el trino más bello del nuevo ser, que empieza a inhalar entre suspiros el aire que ya alimenta sus pulmones.
Invadidos por el amor que solamente conocen aquellos que un día fueron padres, sus progenitores deambulan dia y noche entre despertares aleatorios, ojeras e infinito sueño agridulce, que elimina su parte agria una vez que se aferran al calor de su retoño.
Así surge el único amor incondicional que pueda existir jamás. Aquel, donde al encontrarse dos pupilas mirándose cara a cara consigue evadirte del mundo, incluso si éste estuviera ardiendo en llamas.
Genial, como todo lo que haces, querido Alberto. No dejes nunca de escribir. Felicidades.
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