EL DESPERTAR

 Tormentas de marzo lloran el césped

que Atila devoró en el invierno,

cubriendo con lágrimas aquel manto

donde la nieve se rinde sin remedio.


Donde se perdió la batalla meses antes,

y gigantes guerreros en silencio, 

rindieron su armadura al viento

 y sus vísceras al suelo.


Digno entierro en dulces gotas,

que encharcan y nutren el suelo,

el mismo que les vio nacer,

el mismo que les vio morir,

para después renacer.


Tambores de guerra en nidos,

anuncian la buena nueva,

Levántense forajidos, 

la batalla ya comienza,

pónganse sus armaduras

hasta que Atila vuelva,

evitando así las hordas,

mientras Helios os proteja.

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